Ella
Anoche la ví. Andaba algo perdido, vagando, cuando de repente me pareció verla. Tras el cristal tintado de una limusina. Bella. Bellísima. Con ese aura que solo tienen las verdaderas estrellas. El auto se detuvo a mi lado. Y un enorme chofer negro bajó a abrirle la puerta. Un olor ¡qué olor! me invadió. Transportándome. E incluso me pareció que sonaba una música. Celestial. O casi.
De repente la gente que andaba por la calle la reconoció. Y comenzó a agolparse en torno al auto. Gritando. Vitoreándola. La multitud enloqueció cuando su pie, bello, bellísimo, enfundado en una preciosa sandalia toco el suelo. Y sus piernas ¡qué piernas! giraron sobre el asiento y la depositaron grácilmente en el suelo.
Un grito recorrió las calles. Es ella, es ella, decían. Mientras mostraba su deslumbrante sonrisa ¡qué sonrisa! y saludaba con simpatía. Es ella, es ella gritaban sus fans, mientras un par de muchachos caían rendidos a sus piés. Desmayados.
Ella los sorteó gracilmente. Y entró en un restaurante. En ese momento pude oír perfectamente el ruido seco, el crujido que hacen los corazones al romperse.
Es ella, es ella, gritaban sus fans.
Si. Era ella, era ella. La divina Burma Blogstar.
De repente la gente que andaba por la calle la reconoció. Y comenzó a agolparse en torno al auto. Gritando. Vitoreándola. La multitud enloqueció cuando su pie, bello, bellísimo, enfundado en una preciosa sandalia toco el suelo. Y sus piernas ¡qué piernas! giraron sobre el asiento y la depositaron grácilmente en el suelo.
Un grito recorrió las calles. Es ella, es ella, decían. Mientras mostraba su deslumbrante sonrisa ¡qué sonrisa! y saludaba con simpatía. Es ella, es ella gritaban sus fans, mientras un par de muchachos caían rendidos a sus piés. Desmayados.
Ella los sorteó gracilmente. Y entró en un restaurante. En ese momento pude oír perfectamente el ruido seco, el crujido que hacen los corazones al romperse.
Es ella, es ella, gritaban sus fans.
Si. Era ella, era ella. La divina Burma Blogstar.


