Thursday, October 28, 2004
Saturday, October 23, 2004
1984
Mil novecientos ochenta. Led Zeppelin y Deep Purple.
En la corte del Rey Crimsom.
Si. Y también Yes.
Mirando libros. Leyendo comics. Muchos comics.
De repente cayó en nuestras manos. 1984.
Un nombre de Orwell. Que sonaba a futuro entonces.
Qué lejano ya.
Y un tipo que nos alucinó: Enki bilal.
Con su Feria de los Inmortales. Magnífico.
Magnífico...
... y gracias, miles de gracias, Mr. Glup
por recordármelo.
Thursday, October 14, 2004
Humo Azul
Soy transparente. Una maldita hoja de papel cebolla.
Soy una esponja, perforada, horadada de miles de
Soy una esponja, perforada, horadada de miles de
agujeros, de distintos tamaños y diámetros. Dejo
simplemente pasar el tiempo. Todo el tiempo del mundo.
Mientras oigo a Bird y a Getz y a Monk.
Dejando que las notas penetren. Hasta lo más hondo de mi.
Evitando cualquier pensamiento. Cualquier reacción.
Salvo el movimiento reflejo de uno de mis pies. Colgante.
Al ritmo de bajo, piano y bateria.
Nueces se rompen en mi cabeza. Languidezco sintiendo la música.
Las notas del piano rebotan en mi. Humo azul que hincha mis venas.
Las notas del piano rebotan en mi. Humo azul que hincha mis venas.
Haciéndome subir. Sin más. Sin tocarme ni mancharme. Sin dejar
ninguna otra huella que la agradable sensación de levedad.
Tuesday, October 12, 2004
Gibraltar español
Ayer volví a Gibraltar. Después de dar una vuelta por Main Street (qué nombre más estúpido para una calle en mitad del corazón de Andalucía) y de hacer unos recados, lo hice de nuevo. Si, lo volví a hacer. Es algo que no puedo evitar. Que repito cada vez que voy.
Miré a uno y otro lado. No había moros en la costa. Nadie salvo un bobby que minutos antes me había hablado en andaluz cerrado trufado de palabras en inglés. Si. Debía cumplir mi misión. Me agaché y cogí un par de piedras. Y las metí en mi bolsillo. Sonreí. Luego, a paso rápido, me dirigí a la frontera. Con ese satisfactorio alijo.
Una vez en La Línea, con la satisfacción del deber cumplido, saqué las piedras del bolsillo. Y las coloqué en el suelo. Había cumplido mi misión. Había rescatado un par de cantos y los había vuelto a depositar en la madre patria. Gibraltar español.
Miré a uno y otro lado. No había moros en la costa. Nadie salvo un bobby que minutos antes me había hablado en andaluz cerrado trufado de palabras en inglés. Si. Debía cumplir mi misión. Me agaché y cogí un par de piedras. Y las metí en mi bolsillo. Sonreí. Luego, a paso rápido, me dirigí a la frontera. Con ese satisfactorio alijo.
Una vez en La Línea, con la satisfacción del deber cumplido, saqué las piedras del bolsillo. Y las coloqué en el suelo. Había cumplido mi misión. Había rescatado un par de cantos y los había vuelto a depositar en la madre patria. Gibraltar español.
Sunday, October 03, 2004
Cita a las doce
Mañana. Si. Quiero que mañana a las doce te acuerdes de mí.
Sentada en tu mesa. Que cierres los ojos y abras las piernas.
Lentamente. Con excitación.
Quiero que me sueñes y te toques. Furtivamente.
Por debajo de la falda. Por encima de tu tanga.
Que deslices leentamente tu dedo. Y me sientas. Besando. Mordiendo.
Lamiéndote la cara interior de los muslos.
Subiendo lentamente hasta tu sexo. Oliéndote...
Quiero que me sueñes y te toques. Mojada. Muy mojada.
Que muerdas suavemente tu labio. Ahogando un gemido.
Rota tu respiración de excitación y de deseo. Mañana.
Si. Quiero que mañana a las doce te corras para mí.
Sentada en tu mesa. Que cierres los ojos y abras las piernas.
Lentamente. Con excitación.
Quiero que me sueñes y te toques. Furtivamente.
Por debajo de la falda. Por encima de tu tanga.
Que deslices leentamente tu dedo. Y me sientas. Besando. Mordiendo.
Lamiéndote la cara interior de los muslos.
Subiendo lentamente hasta tu sexo. Oliéndote...
Quiero que me sueñes y te toques. Mojada. Muy mojada.
Que muerdas suavemente tu labio. Ahogando un gemido.
Rota tu respiración de excitación y de deseo. Mañana.
Si. Quiero que mañana a las doce te corras para mí.
Saturday, October 02, 2004
Patente de corso
Ya lo han conseguido. La Sociedad General de Ladrones y Piratas de España (SGAE), uno de los grupos de presión, una de las mafias más poderosas y peligrosas del mundo, ha cumplido su propósito. Desde ayer, las copias privadas de cds protegidos o los intercambios p2p son delito en España.
Panda de trincones. En qué cabeza cabe que una conducta que desarrolla el noventa, qué digo el noventa, ¡el cien por cien de la población! (estoy seguro de que incluso nuestro viejo amigo Teddy también se hace copias de sus cds) sea delito.
Ya puestos podríamos penalizar el alcohol. O follar. Si. Esa es también una buena idea. Prohibamos los periódicos sobre las barras de los bares. Mandemos al reformatorio a los niños que se intercambien tebeos. Si. Que ellos también lesionan los "legítimos derechos de autor". Fusilémoslos. Sumariamente y sin juicio. Eso si, torturándolos antes para que nos revelen el nombre de sus compinches.
Y sabeis cual es el problema. Que los veraderos ladrones son éllos. Los que cobran 18 euros (si, ¡tres mil pelas de las de antes!) por un miserable CD. Los que escudándose en los derechos de unos autores a los que pagan una puta miseria (menos de 60 céntimos) se están forrando y lucrando a su costa.
Y aun así tienen la desvergüenza de llamar al resto piratas. Pero claro, es que siempre hubo clases. Y ellos no son piratas, ellos navegan bajo patente de corso...
Panda de trincones. En qué cabeza cabe que una conducta que desarrolla el noventa, qué digo el noventa, ¡el cien por cien de la población! (estoy seguro de que incluso nuestro viejo amigo Teddy también se hace copias de sus cds) sea delito.
Ya puestos podríamos penalizar el alcohol. O follar. Si. Esa es también una buena idea. Prohibamos los periódicos sobre las barras de los bares. Mandemos al reformatorio a los niños que se intercambien tebeos. Si. Que ellos también lesionan los "legítimos derechos de autor". Fusilémoslos. Sumariamente y sin juicio. Eso si, torturándolos antes para que nos revelen el nombre de sus compinches.
Y sabeis cual es el problema. Que los veraderos ladrones son éllos. Los que cobran 18 euros (si, ¡tres mil pelas de las de antes!) por un miserable CD. Los que escudándose en los derechos de unos autores a los que pagan una puta miseria (menos de 60 céntimos) se están forrando y lucrando a su costa.
Y aun así tienen la desvergüenza de llamar al resto piratas. Pero claro, es que siempre hubo clases. Y ellos no son piratas, ellos navegan bajo patente de corso...




